sábado, 18 de diciembre de 2010

La Puerta Olvidada

Recordando tu continua presencia…
Impulsada por una fuerza interior, viajó por segunda vez, sabiendo arriesgar y apostar por algo que crecía en su interior.

Por fin en la Tierruca la que le resultaba familiar, acogedora y la hizo sentir cómoda. Cantabria la Infinita, bella, caprichosa, enigmática, perfumada por el agua, envuelta de historia y digna de admiración.
Él la cubrió de atenciones, vistiéndola de ternura y sabiendo que la llenaba de emociones.
Te diré que acompañada fue todo más fácil, recorriendo mayor parte de ella y disfrutando de largos paseos entre los que no olvidaré…Bárcena Mayor, Comillas, Castro Urdiales, Potes, San Vicente de la Barquera, La Tablia y tu voz…
A cambió yo le regalé, caricias con mis ojos, sonrisas para recordarle, palabras con mis manos, sentimientos que siempre le demostraré y ofreceré.

Llegó el momento de despedirse, él la abrazó y sentí que me hablaba tímidamente pero no se dejó escuchar, entonces le besé y nos despedimos con una sonrisa mutua que a mí me hizo fuerte para poder marchar.
Al emprender viaje, mientras sobrevolaba la Tierruca, sentí un cúmulo de sentimientos contradictorios que dejé aflorar entre sonrisas, suspiré de felicidad volviéndome a sentir viva.

De repente dejaron de escucharse, pasando a ser un juego de palabras libres y sentí que él “ No quiso necesitarme porque no podía tenerme “.
Nunca me dejaste que te hablara y cuando lo hice no me escuchaste, algo que no llegaré a entender. El miedo no debió dejarte disfrutar del presente. Una situación difícil que no supimos cuidar y que hoy sigue en mí la misma emoción del primer encuentro, del primer beso, del primer abrazo, de algo compartido.

Intenté bordar nuestras vidas cercanamente, acariciándola, abrazándola, queriéndola, mimándola y siendo comunicativa, sólo con un fin, hacerle sentir bien. Una huella perdida entre mi sombra y la tuya que no me deja mentir…No será fácil echarte de menos.
Hoy le escribo como siento y quiero agradecerle con la ternura que me despertó cada día, su búsqueda entre las sabanas para abrazarme mientras dormía, la rosa que todavía duerme cerca de mí, el único beso que recibí en medio de la calle en mi último viaje, el que me hizo sentir que solo yo andaba junto a él, su carisma, su generosidad, su simpatía, su voz la que me dejó escuchar de día, de noche y de madrugada, todo un caballero de mirada tan azul lleno de cortesía que sin darse cuenta, me devolvió muchas cosas con razón.
Fuimos un regalo aceptado sin compromiso…
Siempre podremos gritar nuestros nombres al viento para saber que seguimos ahí y disfrutar de nuestros momentos en la vida...Una frase elaborada entre mi boca y almohada susurrada en silencio…


Siempre tu Niñuca

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